miércoles, 20 de marzo de 2024

Juan Perón le escribía estas líneas a la compañera Elena A. Fernícola hace 68 años.

 



Carta a la señorita Elena A. Fernícola 20 de marzo de 1956 


Escrito por Juan Domingo Perón. 


Ciudad Trujillo, 20 de marzo de 1956


Señorita Elena A. Fernícola


Buenos Aires


Querida compañera:


Contesto su amable carta del 3 de marzo pasado y le agra­dezco su recuerdo y su saludo que retribuyo con mi mayor afec­to.


Veo por su informe que la tarea de convencer a los peronistas no ha sido simple y me lo explicó muy bien: votar por el enemigo repugnaba al espíritu peronista; pero las conve­niencias de la lucha están siempre por sobre la pasión. Con­vencido que no era posible voltear a los gorilas por una revolución, no quedaba otro recurso que impedir el continuismo y para ello era indispensable hacer triunfar a Frondizi.


Nuestro, procedimiento permitió imponer compromisos absolutos y Frondizi no tendrá más remedio que cumplirlos. Si nosotros mantenemos la organización, la cohesión y la disci­plina, la victoria absoluta es sólo cuestión de poco tiempo.


Espero que ahora, comprendido bien el golpe que hemos dado a los gorilas, no habrá un peronista que no se dé cuenta del acierto de las decisiones del Comando Superior Peronista. Pero, cuando comiencen a ver las consecuencias, a partir del 1º mayo, recién podrán apreciar, en toda su magnitud, el éxito alcanzado con esa decisión.


El nuevo Gobierno debe devolver al Pueblo todas te conquistas sociales, económicas y políticas de que ha sido privado por la dictadura. Asimismo deberá devolverse todos los bienes del Movimiento Peronista y colocado dentro de la ley; 1° mismo que a la Confederación General del Trabajo, la Fundación Eva Perón, etc., Deben dejarse sin efecto los procesos incoados a los peronistas por la persecución política, ¡Llegaremos a elecciones de constituyentes para reformar I Constitución y esa Asamblea declarará caducas todas las autoridades y llamará a elecciones generales. En esa ocasión, si hemos mantenido la organización y la disciplina podremos reventar de votos las urnas y volver abiertamente al Justicialismo y solo necesitamos que nuestra gente trabaje para mantener la organización, la cohesión y disciplina, como antes digo.


Imagino que ya habrán comenzado los "camanduleos" políticos entre los dirigentes; pero, lo importante, es mantener la masa en condiciones de perfeccionar las organizaciones peronistas y sindicales. Si nosotros podemos asegurar esta organización no tendremos problemas. Convencer a nuestra gente y ampliar el círculo de acción es lo que se impone realizar en forma decidida y eficaz.


De acuerdo con su pedido hemos incorporado al Comando Táctico algunas mujeres cuyos nombres me menciona en su carta y espero que allí se pongan todos de acuerdo para proseguir las actividades necesarias al mejor fin de nuestra causa. Se impone trabajar como en los mejores tiempos, pues la oposición no descansará y nuestros ocasionales amigos del nuevo Gobierno no deben, en ningún momento, tener la posibilidad de maniobrarnos. Ello no será difícil, si, como antes digo, mantenemos nuestras organizaciones bien montadas. Pero aún sin ello, Frondizi, enfrentado a los gorilas, teniendo que cumplir sus compromisos y careciendo de dirigentes medios, no tendrá más remedio que arrimarse a nosotros si quiere gobernar tranquilo y resolver la difícil situación no tendrá más remedio Que arrimarse a nosotros si quiere gobernar tranquilo y resolver » difícil situación económica, social y política que debe enfrentar. Si los peronistas no queremos, nadie puede gobernar a la Argentina, sino que se lo pregunten a la dictadura.


Le ruego que transmita mi afectuoso abrazo a las mujeres peronistas. Que les diga que no ignoro los sacrificios que han "fizado, la cuota de gloria que les cabrá en el éxito de nuestra causa. Que espero estar en la Patria para agradecer, públicamen­te, la acción desarrollada por la mujer peronista en la defensa del Pueblo argentino.


Mantenga contacto con el doctor Cooke que se adelantaré: nuevamente con la "División Operaciones" a Brasil o Paraguay, desde donde dirigirá el Comando Táctico de acuerdo conmigo que sigo al frente del Comando Superior Peronista, desde donde esté. Por eso le ruego que trasmita a todas las muchachas la necesidad de subordinarse a la conducción de Cooke que, con la "División Operaciones", no es sino un desprendimiento mío. Es necesario que la gente comprenda esto y se ponga a trabajar sin suspicacias inútiles y sin intereses personales o de círculo. Tenemos un enemigo común que es fuerte y que sale del Gobierno tonificado en la reacción; marchamos al lado de un amigo condicional que puede transformarse en enemigo si no cumple los compromisos contraídos, para enfrentar lo cual debemos ser fuertes y disciplinados como para asegurar Ib unidad de concepción y de acción. Luchar por conseguirlo es la tarea de todos.


Un gran abrazo


Firmado: Juan Perón


jueves, 23 de marzo de 2023

Hace 78 años hablaba Juan Perón: "Concibo el municipio como una comunidad de vida con un gobierno propio, cuyos problemas han de enfocarse, plantearse y resolverse teniendo en cuenta la naturaleza de la propia comunidad"

 



DISCURSO DE CLAUSURA DE LA PRIMERA REUNION NACIONAL DE MUNICIPIOS CELEBRADA EN LA CÁMARA DE DIPUTADOS DE LA NACIÓN

Juan Domingo Perón [23 de Marzo de 1945]



Poco me resta después de los densos debates sostenidos en el curso de las deliberaciones, y de los discursos de las sesiones inaugural y de la que estamos realizando. Poco podría decir, además, que no invadiera el campo reservado a los especialistas de las múltiples materias que han sido tratadas en esta Primera Reunión Nacional de Municipios.

Pero no debo llamarme a silencio cuando vibra mi corazón con vuestro propio entusiasmo y quiero sentirme, una vez más, como parte integrante de vuestro propio ser y compartir vuestras inquietudes. No podría tampoco dejar que os alejarais de Buenos Aires, donde habéis traído la presencia física de nuestros hermanos del interior, sin que os diera un abrazo de despedida que sea, a la vez, promesa de imperecedera amistad.

Mucho he reflexionado durante estas dos semanas de labor comunal sobre los problemas permanentes de nuestros municipios, y los transitorios que pueden presentarse en la posguerra. Muchas han de ser las medidas de carácter pasajero que puedan ser tomadas para superar los inconvenientes del pasaje de la guerra a la paz. Otras habrá que incorporar al acervo legislativo de las épocas normales. Lo que no podemos prever, ni siquiera imaginar, es si la evolución legislativa que en lo porvenir experimente el derecho municipal, llegará a dar forma jurídica completamente definida a todas las cuestiones que la excepcional situación del mundo nos ha señalado como de inaplazable estudio en los momentos actuales,

No sería prudente predecir esta trascendental transformación, ni podemos entrever si las funciones de los organismos municipales del futuro serán más amplias o más restringidas que las que el vigente derecho encomienda a los actuales. Pero, sin entrar en el análisis del mayor o menor alcance substancial del derecho de fondo que rija los organismos comunales, juzgo conveniente que los técnicos, eruditos y especialistas en asuntos municipales, estudien si ha llegado la oportunidad de emprender la codificación de nuestro derecho municipal. Este sería el primer escalón de una obra de mayor envergadura cuya necesidad es, sin duda alguna, tanto o más sentida: la codificación del derecho administrativo argentino. Así terminaríamos con la anarquía en que se debate el ciudadano frente a los problemas que le crean sus relaciones con las diversas jerarquías de la administración pública.

Concibo el municipio como una comunidad de vida con un gobierno propio, cuyos problemas han de enfocarse, plantearse y resolverse teniendo en cuenta la naturaleza de la propia comunidad, sus necesidades y sus fines, su situación y sus recursos. Debido a este respeto que siento por las comunidades locales, células más o menos desarrolladas -pero siempre expresión de una personalidad definida-, he considerado que debían ser llamadas a colaborar con el gobierno de la Nación en los momentos que, a través del Consejo de Posguerra, se están estructurando los planes y señalando las orientaciones que han de servir al país para reordenar su vida económico social.

No podían estar ausentes los municipios de esta tarea, porque debía llegarnos el aire purísimo del interior y con él nueva savia que robustezca nuestra mente y reavive el ritmo de nuestro corazón. No valdría lo primero si faltara lo segundo, porque no es la inteligencia sino el corazón el único manantial copioso de las grandes obras, ya que sólo en él reside el talismán que mueve y cautiva voluntades, que congrega a los hombres y los saca de su soledad para sumarles a las grandes empresas colectivas. La inteligencia establecerá los resortes para que las organizaciones se formen, consoliden y prosperen; pero el único motor capaz de mover las voluntades es el corazón por que en él reside la fuerza creadora e incontenible del amor. Apreciaréis si es o no es cierto lo que os digo, con sólo pensar en cuál es el sacrificio que no somos capaces de soportar por el amor a nuestra madre o por el amor a nuestra patria.

Se comprenderá, pues, que concibiendo, el municipio como una comunidad de vida, no participe de la concepción abstracta de unos municipios sujetos a un modelo único, al que deban ajustarse desde el principio rural de pocos vecinos hasta el de la gran metrópoli porteña. Las necesidades rudimentarias de una comunidad rural entrañan problemas notoriamente distintos de los que agitan la vida material y espiritual de una gran ciudad como Buenos Aires. Se comprenderá así mi personal satisfacción al no haber podido examinar por mis propios ojos las inquietudes y aspiraciones de todos los núcleos municipales, de mi patria, en circunstancias como las presentes en que se puede acudir a remediar una necesidad y, lo que es más interesante, se puede conjurar esta necesidad con otras análogas de otros municipios, sean vecinos o alejados entre si por miles de kilómetros.

En el gigantesco ordenamiento económico social que proyectamos han de tener cabida todas, vuestras inquietudes y todas vuestras aspiraciones. Si no fuera así, habríamos desperdiciado un tiempo valiosísimo, de cuya pérdida me consideraría responsable ante el país. Sin embargo, me anima la esperanza de que esta Reunión Nacional de Municipios ha escrito en los anales de nuestra historia elocuentes páginas que inspirarán el renacimiento de nuestras virtudes cívicas. Afirmación que no será exagerada si consideramos que el espíritu de cooperación social desborda en cada línea que habéis escrito. Este sentimiento de hermandad que fluye de toda la obra realizada; esta aproximación real y efectiva entre hombres de todas las latitudes de nuestro vasto territorio; esta compenetración de las angustias y problemas recíprocos; esta alegría por las mejoras logradas y apetecidas por los demás, fundada en el gran amor a la patria común, constituye para nosotros y para el porvenir, una simiente que arraigará con raíces profundas y se desarrollará con tallos vigorosos que no será fácil arrancar en el futuro. A todos, nosotros toca cuidar que no se malogre, y traspuesto el período crítico de la posguerra, podremos esperar con tranquilidad las buenas cosechas que se sucederán hasta la lejanía de los tiempos.

No exagero cuando afirmo que nos encontramos ante un verdadero renacimiento nacional. Todo debe germinar, florecer y fructificar. Necesitamos un renacimiento total de nuestro modo de ser, y al tiempo que aprovechemos todo lo bueno que constituye la nervatura del carácter de nuestro pueblo y de nuestra raza, debemos hacer un acto de fe en nosotros mismos y un acto de confianza en el futuro esplendor de nuestra patria.

Fomentar las artes, las industrias, las bellas letras; impulsar los estudios filosóficos, jurídicos las más variadas ramas del saber; modernizar –estilizándola, perfilándola, despojándola de lo superfluo-, toda nuestra legislación; incrementar por todos los medios las fuentes del saber humano, los institutos de investigación y de enseñanza.

Debemos honrar los talentos, el trabajo y los artistas y reverenciar la magistratura y las autoridades que se destacen por su saber, por su virtud, por su patriotismo; debemos elevar a los cargos públicos a los hombres de mérito, salidos del pueblo; debemos ensenar a los magnates cuáles son sus deberes de solidaridad social porque la cuna dorada ha dejado de ser un título de monopolio para los honores, las influencias y la participación del poder. Debemos ser un ejemplo constante de amor propio.

Pero que en nuestro patriotismo flote purísimo y encendido como un hálito de bendición; patriotismo congénito, inadvertido, indefectible; que actúe sobre nosotros y sobre nuestros ciudadanos y sobre todos los hombres del mundo, con la comunicación emotiva que sólo puede engendrar la sinceridad.

Llevad a vuestras ciudades, a vuestros pueblos, a vuestros lugares; llevad a las grandes asambleas, a la plaza pública o a la intimidad de vuestros amigos y de vuestro hogar, el deseo fervoroso de que nuestra patria viva días luminosos de su historia, forjados con el esfuerzo paciente y abnegado de todos sus hijos; llevad el deseo fervoroso de que ni ricos ni pobres pierdan la fe en el insobornable afán de justicia distributiva que nos anima y que permite, sin lesionar derechos legítimos, barrer para siempre la miseria y la desigualdad irritante; llevad el anhelo de que ni un solo habitante de este próvido país deje de prestar su concurso a la obra de renacimiento moral y material de la Nación, en la seguridad de que su esfuerzo será recibido y estimado en igual medida que la lealtad con que lo presente.

Vosotros debéis ser la avanzadilla que llegue a todos los confines argentinos, plante el mástil enarbole la bandera y proclame que somos un país de hombres y mujeres esforzados que tenemos como finalidad esencial de nuestra vida servir a la patria para engrandecerla y respetarla.

JUAN DOMINGO PERÓN

jueves, 4 de noviembre de 2021

Se cumplen 49 años de esta carta de Perón a José Ignacio Rucci: "Usted ha sabido conquistar con una verdad que no muchos saben desentrañar y, además, con una elocuencia que no es usual en esta clase de diálogos."

 Carta a José Ignacio Rucci 4 de noviembre de 1972 





Escrito por Juan Domingo Perón. 




Madrid, 4 de noviembre de 1972.




Al Sr. José I. Rucci Buenos Aires




Querido Rucci:




En los diez minutos que me deja libre Cámpora, quiero contestar su carta de anteayer. Comienzo por hacerle llegar mi más sincera felicitación por su brillante exposición en la reunión con el Presidente, que no sólo demuestra la definida posición del Movimiento Obrero con referencia al problema argentino, sino también la capacidad y madurez de sus dirigentes. Puede ser que una demostración semejante pudiera influenciar el ánimo del General Lanusse en forma más positiva que lo que nos ha sido posible contemplar hasta ahora.




La resolución de asistir a la reunión parte de la Central Obrera como de los Secretarios Generales ha sido excelente: cuando se tiene posición tomada y una'conveniente organización, nada puede impedir el diálogo que, aparte de todo, puede ser constructivo para el destino de la Patria. Los tontos y los negativos no pueden ni deben influenciar las decisiones que pueden ser trascendentes.




Podemos estar seguros, que si el ánimo del Presidente abrigaba designios inconfesables, ha de haber quedado convencido de su frustración, después de su brillante y elocuente disertación. No creo que nadie haya dicho mejor tantas cosas y tan claramente expuestas.




Por todo ello y a pesar de la premura del tiempo, no he querido que regrese Cámpora sin llevarle, junto con mi saludo más cariñoso, mi enhorabuena y mi calurosa felicitación por este nuevo triunfo que, Usted ha sabido conquistar con una verdad que no muchos saben desentrañar y, además, con una elocuencia que no es usual en esta clase de diálogos.




Le ruego un saludo afectuoso para todos los compañeros.




Un gran abrazo.




Firmado: Juan Domingo Perón.

jueves, 23 de abril de 2020

Se cumplen 197 años de la Batalla de Camacuá






La batalla de Camacuã fue un enfrentamiento producido el 23 de abril de 1827 entre las tropas del Ejército Argentino y las del Imperio del Brasil, enfrentados por el control de la Banda Oriental, en manos brasileñas desde 1824. El ejército argentino había abandonado el territorio brasileño después de la victoria en la batalla de Ituzaingó por la falta de suministros y por el mal estado de la caballada, pero el 13 de abril había retomado Bagé y avanzado al encuentro de las tropas imperiales.

La caballería brasileña se acercó al campamento argentino, produciendo algunas escaramuzas, favorecidos por mejores caballos, por lo que el general Lucio Norberto Mansilla decidió atacarlos por sorpresa para disersarla, además de quitarle caballos. Tras marchar toda la noche, secundado por los generales José María Paz y Anacleto Medina, el día 23 al amanecer atacaron a las posiciones brasileñas, aunque la densa niebla impidió un éxito completo: los brasileños se retiraron a toda marcha, siendo atacados en el camino y expulsados más allá del río Camacuá. Fue un combate puramente de caballería, aunque muchos de los soldados iban montados.

Las fuentes coinciden en que no hubo bajas en el bando argentino, pero son discordantes sobre las bajas brasileñas: Mansilla informó 50 muertos, y Paz recordó en sus memorias a «5 o 6 muertos», aunque podrían ser solamente en el área en que combatió su regimiento.

lunes, 11 de noviembre de 2019

Se cumplen 49 años de esta carta de Juan Domingo Perón al periodista Miguel Argentino Pérez Gaudio





Carta al Sr. Miguel Argentino Pérez Gaudio 11 de noviembre de 1970

Escrito por Juan Domingo Perón.

Guadarrama, 11 de noviembre de 1970

Al Sr. Miguel Argentino Pérez Gaudio

Madrid

Estimado Señor Pérez Gaudio:

El Señor López me ha hecho llegar su carta y aún no he tenido el placer de entrevistarme con Usted, deseo hacerle llegar mi agradecimiento por sus amables palabras y mi solidaridad de argentino, por los sentimientos y pensamientos en ella contenidos con referencia a nuestra común Patria argentina.


He leído la Revista "Aquí y Ahora" en los ejemplares que me ha hecho llegar y percibo que, como Usted me dice, no se trata de un intento más de hacer periodismo insidioso y disimulado a favor de intereses inconfesables, como al que nos tienen acostumbrados ya las "revistas políticas" que, con distintos títulos, intentan engañar al Pueblo argentino desde hace muchos años.

Lo felicito por ello, porque si en algún momento la Patria ha necesitado un periodismo limpio y patriota, ha sido precisamente en las actuales circunstancias, en que está comprometido su propio destino. Luchar por la liberación de la Patria y por la soberanía popular cuando tales cosas concurren es un derecho; pero hacerlo cuando ambos principios están comprometidos, como en los actuales momentos, es un deber y cuantos nos encontramos en esa trinchera somos compañeros y somos solidarios.

Por éso, aún cuando por razones de mi exilio y exigencias del Gobierno español, no puedo hacer declaraciones políticas, he deseado contestar su amable carta, tanto por Usted como por Córdoba, que están dando ejemplo al resto del país con su lucha decidida y valiente contra la ignominia y la arbitrariedad entronizadas a favor de una usurpación inaudita del poder.

Conozco la posición de Monseñor Primatesta como la de un fuerte sector del clero joven en la República y siento su solidaridad como un aliento a la lucha que desde hace ya un cuarto de siglo, venimos llevando a cabo en la Patria que anhelamos justa, libre y soberana, como reza nuestra doctrina. Ellos representan para nosotros el mejor auspicio a nuestra ideología que está encabezada con una declaración de ser "un movimiento profundamente cristiano y humanista".

Pienso que así como no nace el hombre que escapa a su destino, no debiera nacer el que no tenga una causa noble por la cual luchar, justificando así su paso por la vida. La mención a los ocho hermanos Pérez Gaudio a que me hace referencia en su carta me ha llenado de emoción, al saber los embanderados en la causa de la defensa de nuestra Patria, en un lugar de lucha que mucho puede hacer por la causa que servimos. Le ruego que haga llegar a todos ellos mi afectuoso saludo junto con la exhortación de seguir adelante.

Sin embargo, por las razones expuestas, .yo no puedo hacer declaraciones públicas de carácter político, razón por la cual existe un Delegado personal mío y un Consejo Superior del Movimiento que funciona en Buenos Aires encargados de hacerlo. Pero, a pesar de ello, le adjunto algunas consideraciones en respuesta a sus inquietudes que, como le digo antes, me han llenado de emoción. Le ruego en consecuencia que no haga uso de ellas en una publicación formal de reportaje, aunque puede decir que ha conversado conmigo en carácter personal y que de esa conversación extrae tales conclusiones. Con ello, en cierta medida, salvamos la situación comprometida que me crearía aquí ante las autoridades españolas.

Le ruego que, por favor, sea lo más prudente que pueda a este respecto. Nada anhelo tanto como llegar al Pueblo de Córdoba con mi saludo y mi enhorabuena por todo lo que hace en defensa del Pueblo argentino y de ia causa que lo inspira, pero a veces las circunstancias "ahorcan". Percibo y espero que Usted ha de poderlo hacer de la manera más prudente.

Le ruego asimismo transmita mis saludos a Monseñor Primatesta y a los compañeros que le acompañan en la edición de la Revista "Aquí y Ahora" y acepte, junto con mi saludo más afectuoso, mis mejores deseos.

Un gran abrazo.

Firmado: Juan Perón.

jueves, 15 de agosto de 2019

Se cumplen 177 años del Combate de Costa Brava


El Almirante Guillermo Brown, héroe nacional


El Combate de Costa Brava fue un enfrentamiento naval librado el 15 y 16 de agosto de 1842 entre la escuadra de la Confederación Argentina al mando de Guillermo Brown y la escuadra riverista al mando del italiano Giuseppe Garibaldi. Se luchó en las cercanías de Esquina, Provincia de Corrientes (Argentina), por dos días en agua y tierra hasta que Garibaldi previendo su derrota hizo volar sus barcos para no entregárselos a Brown y escapó a tierra firme. Los argentinos, al querer perseguirlo para ultimarlo, fueron detenidos por Brown quien exclamó "dejenlo escapar ese gringo es un valiente".

El Combate

El Almirante Brown mandó gente a tierra para que hicieran de sirgadores (remolcar el barco desde la orilla por medio de cuerdas), pues había decidido avanzar a la sirga con cuatro naves que maniobraban cerca de tierra, donde había suficiente profundidad, hacia el enemigo, viendo que era difícil y peligroso atacar a Garibaldi de un modo frontal. A la vez, dispuso que el ala izquierda fondeara al Suroeste del enemigo a distancia de tiro, hostigando y perturbando la reacción enemiga contra el ala derecha con los cañones que pudiera presentar. Por su lado, Garibaldi, que había advertido la maniobra enemiga, mandó su infantería con el Tte. 1º Rodríguez fuera de la estacada para tirotear a los sirgadores y a las tripulaciones. Se dio cuenta Brown y ordenó a Montaña ir a tierra con 100 hombres en tres columnas: una de 20 hombres al mando del Tte Mariano Cordero - del Echagüe- se dirigiría por la ribera; la derecha también de 20 hombres al mando del Tte French y la 3a en el centro con 60 infantes, al mando de Montaña y los Subtenientes Montandón y Castellanos. Montaña no tardó en repeler al enemigo desalojando la orilla de los tiradores emboscados. A partir de ese momento el ala derecha de Brown pudo moverse con mayor libertad y alcanzar la distancia de tiro.



Veamos ahora a qué distancia media de tiro se hizo el combate. No se ha podido conocer fehacientemente la elevación que podían alcanzar los cañones de Costa Brava. Para esa época en estas latitudes, los cañones a raso podían tirar desde los 350 metros (de a 6) a los 600 metros (de a 4); con una elevación de 8º llegaban hasta los 2.200 metros y con 22º a unos 2.700, con poca diferencia entre un cañón de a 24 y otro de a 12. Por el problema de la puntería, el alcance eficaz quizás era de unos 1.000 metros. Los autores estiman que sin problemas de puntería (no había marejada) el ala izquierda de Brown artillada con cañones de a 12 fondeó al Suroeste a unos 1.500 metros de los orientales para que hubiera efectividad en el hostigamiento. El ala derecha entretanto se acercaba a una distancia similar considerándose que los cuatro buques debían entrar en fuego indefectiblemente con el máximo de cañones.

Cuando las unidades argentinas entraron a distancia de tiro de las orientales, Garibaldi abrió el fuego soportado estoicamente por el ala derecha, auxiliada a la vez por el ala izquierda que ya debía haber alcanzado la posición asignada. Brown pudo hacer maniobrar a los buques para presentar la banda de babor al enemigo, entrando en combate todos ellos.

Se presentaban así: el Echagüe era el más próximo al enemigo, con su proa sobre la ribera; cerca y al Sur, aprovechando la inclinación de la costa, lo seguía la Chacabuco evitando tener que tirar por arriba de aquél, tercero también cerca y al Sur se colocó el Americano, tomando las mismas precauciones y Brown abarloó a la goleta 9 de Julio y al Americano desde su centro a popa.

A las 12.00 el fuego se había generalizado, iniciándose el ablandamiento del enemigo con la artillería, sin apresurar abordajes. El combate se frenó cerca de las 16 para que la gente pudiera comer, reanudándose poco después hasta el oscurecer, con ambos bandos tomando disposiciones de seguridad nocturnas y atención de los buques y del personal herido o muerto.